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LOST IN MY LIFE: LA BASURA SUBLIMADA EN ARTE DE RACHEL PERRY

  • Uno de los signos del buen arte contemporáneo es que, con el paso de los años, gane en actualidad. Hay muchas maneras de retratar los pulsos de una época, pero son pocos los que logran que la palabra o la imagen con vocación crítica se sobreponga a su propia vigencia.

    En la línea de los que saben hacer algo con estos desafíos se encuentra la artista americana Rachel Perry. Su trabajo, desplegado en instalaciones, performances, fotografía, escultura, vídeo y dibujo, se enmarca en una de las preguntas clave que más hacen trabajar al arte contemporáneo: ¿cómo consumimos?

    La fabricación de imágenes saturadas de saturación es quizás un buen principio para abordar el instinto de acumulación que marca el paso y el peso de nuestras sociedades. Y este más es más que define a la cultura del consumo es precisamente el motivo que impulsa la obra nuestra artista.


  • En su serie LOST IN MY LIFE, realizada desde 2010, vemos a Rachel Perry camuflada por un repertorio de objetos y materiales que encajan en la representación habitual del deshecho: tickets, envases, cajas de cereales, plásticos, cierres alámbricos o las pegatinitas de frutas y verduras con las que jugábamos de niños. Detritus y objetos aparentemente tan mundanos que se vuelven insignificantes a los ojos de cualquiera que baile el baile del usar y tirar que define al consumo contemporáneo.

    Perry construye con ellos imágenes escultóricas donde la acumulación se encarna en colores y volúmenes. Sus fotografías, cuidadosamente preparadas en estudio, funcionan como paisajes saturados en los que el rostro de la artista se muestra escondido, perdido en medio de la inmensidad de un desperdicio convertido en material artístico. Una poética del resto o cómo la basura se sublima en arte.

  • Una sátira en formato visual de la voracidad del consumo que parece alertarnos del riesgo que corremos de ser borrados -es decir, engullidos- por nuestra propia mierda. Pero en bonito, claro, que impacta más.

    La obra de Rachel Perry ha recorrido buena parte de los principales museos del mundo y ha sido reseñada en publicaciones de la talla de The New York Times, The New Yorker , The Huffington Post o Art on Paper. Incluso Vogue le encargó una memorable editorial en 2001 donde, fiel a su estética acumulativa, cambiaba los deshechos por las principales firmas del sistema de la moda contemporánea.

    Nunca fue tan hermosa la basura, cantaba el poeta.

    Laura Suárez.

  • Uno de los signos del buen arte contemporáneo es que, con el paso de los años, gane en actualidad. Hay muchas maneras de retratar los pulsos de una época, pero son pocos los que logran que la palabra o la imagen con vocación crítica se sobreponga a su propia vigencia.

    En la línea de los que saben hacer algo con estos desafíos se encuentra la artista americana Rachel Perry. Su trabajo, desplegado en instalaciones, performances, fotografía, escultura, vídeo y dibujo, se enmarca en una de las preguntas clave que más hacen trabajar al arte contemporáneo: ¿cómo consumimos?

    La fabricación de imágenes saturadas de saturación es quizás un buen principio para abordar el instinto de acumulación que marca el paso y el peso de nuestras sociedades. Y este más es más que define a la cultura del consumo es precisamente el motivo que impulsa la obra nuestra artista.


  • En su serie LOST IN MY LIFE, realizada desde 2010, vemos a Rachel Perry camuflada por un repertorio de objetos y materiales que encajan en la representación habitual del deshecho: tickets, envases, cajas de cereales, plásticos, cierres alámbricos o las pegatinitas de frutas y verduras con las que jugábamos de niños. Detritus y objetos aparentemente tan mundanos que se vuelven insignificantes a los ojos de cualquiera que baile el baile del usar y tirar que define al consumo contemporáneo.

    Perry construye con ellos imágenes escultóricas donde la acumulación se encarna en colores y volúmenes. Sus fotografías, cuidadosamente preparadas en estudio, funcionan como paisajes saturados en los que el rostro de la artista se muestra escondido, perdido en medio de la inmensidad de un desperdicio convertido en material artístico. Una poética del resto o cómo la basura se sublima en arte.

  • Una sátira en formato visual de la voracidad del consumo que parece alertarnos del riesgo que corremos de ser borrados -es decir, engullidos- por nuestra propia mierda. Pero en bonito, claro, que impacta más.

    La obra de Rachel Perry ha recorrido buena parte de los principales museos del mundo y ha sido reseñada en publicaciones de la talla de The New York Times, The New Yorker , The Huffington Post o Art on Paper. Incluso Vogue le encargó una memorable editorial en 2001 donde, fiel a su estética acumulativa, cambiaba los deshechos por las principales firmas del sistema de la moda contemporánea.

    Nunca fue tan hermosa la basura, cantaba el poeta.

    Laura Suárez.

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